Richard Avedon

“A menudo siento que la gente viene a mí para ser fotografiadas, como irían a un médico o a una adivina — para averiguar cómo son. Así que ellos dependen de mí. Tengo que comprometerlos. De lo contrario no hay nada que fotografiar. La concentración tiene que salir de mí y hacer que participen. A veces la fuerza crece tan fuerte que los sonidos en el estudio siguen sin oírse. El tiempo se detiene. Compartimos una intimidad breve e intensa. Pero es inmerecido. No tiene pasado… ni futuro. Y cuando la sesión ha terminado, cuando la imagen está tomada – no queda nada, excepto la fotografía… la fotografía y una especie de vergüenza. Ellos se marchan… y yo no los conozco. Casi no he oído lo que han dicho. Si me encuentro con ellos una semana más tarde en una habitación en algún lugar, espero que no me reconozcan. Porque no siento que realmente estuve allí. Al menos la parte de mí que era, ahora está en la fotografía. Y las fotografías tienen una realidad para mí que la gente no tiene. Es a través de las fotografías que les conozco.”

 

 

 

“He trabajado en una serie de negaciones. No a la luz exquisita, no a las composiciones aparentes, no a la seducción de las poses o de la narrativa. Y todos esos noes me han forzado al sí. Tengo un fondo blanco, una persona que me interesa y cosas que ocurren entre nosotros”.

 

 

 

 

“Lisette Model me dijo que sentía que estas fotografías de mi padre eran “actuaciones”, y yo pienso lo mismo. Todos actuamos. Es lo que hacemos continuamente, de una manera no intencional ni deliberada. Es una forma de hablar de nosotros mismos con la esperanza de ser reconocidos como lo que querríamos ser. Confío en las actuaciones. Desecharlas no te acerca necesariamente a nada. La manera en que alguien que está siendo fotografiado en relación a esa presencia es de lo que se trata al hacer un retrato.

En situación, el hecho era complicado y se vio enriquecido porque yo estaba usando con mi propio padre todo lo que había aprendido fotografiando a desconocidos. Él era leal a la forma en que quería ser visto; yo a la forma en que lo veía, lo que estaba relacionado no sólo con mis sentimientos hacia mi padre, sino con mis sentimientos sobre lo que es ser cualquiera. Al principio, él accedió simplemente a que yo la fotrografiara, pero pienso que después de un tiempo comenzó a querer que lo hiciera. Comenzó a confiar en eso, y yo también, porque era la forma que los dos teníamos de forzarnos mutuamente a reconocer lo que éramos. Durante los últimos años de su vida lo fotografié muchas veces, pero no miré realmente las fotografías sino hasta después de su muerte. Ellas me parecen ahora, fuera del contexto de aquella época, completamente independientes de la experiencia de tomarlas. Existen por sí mismas. Lo que sea que haya pasado entre nosotros, pero no lo es para las fotografías. Lo que está allí está libre de nosotros dos.”

Nueva York, 14 de junio de 1974.

 

 

“Cuando veo mis fotografías en un museo…parecen como si tuvieran muy poco que ver conmigo. Poseen vida propia. Tal como los actores en Pirandello, o en la película de Woody Allen “La Rosa Púrpura de El Cairo”, en la que los actores salen de la pantalla y se unen a los espectadores. Mis fotografías se enfrentan con quienes las miran y yo – que soy el fotógrafo – me he convertido en un espectador más. Las imágenes salen a tu encuentro o a repelerte a partir de la maravilla y el terror que es la fotografía.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“A partir de la primavera de 1979 y durante varios años pasé los meses de verano viajando por el Oeste, yendo a bares de carretera, corrales, paseando entre la gente en las ferias, buscando rostros que fotografiar… Según avanzaba el trabajo, los propios retratos comenzaron a revelar todo tipo de conexiones (psicológicas, sociológicas, físicas, familiares) entre personas que nunca se habían conocido.” – R. Avedon

 

 

 

 

 

 

Pueden ver más de sus trabajos en:  www.avedonfoundation.org

 

 

 

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